martes, 10 de julio de 2012

05 Siglo XVII

El siglo XVII es de un esplendor sin parangón, debido a que permite este tiempo desligarse de las ataduras provenientes de la Edad Media. El Renacimiento del siglo XVI es la puerta de entrada para que en los 100 años que corrieron de 1600 a 1700 la sociedad pudiese zafarse del viejo molde que implantaba métodos rígidos de comportamiento y actuación especialmente impuestos por la Iglesia.
Al romper estos viejos moldes se permitió salirse de la rigidez de las estructuras lineales e imprimir nuevas formas de movimiento especialmente en el campo de las artes, donde podrían ser la pintura, escultura y arquitectura. Este adelanto de imprimir movimiento, rescatar las formas celestiales por medio de la ornamentación, y el paso de lo estático a lo dinámico se contempla como el estilo barroco, que es un estilo moderno que deja atrás al manierismo del siglo precedente.
El barroco que se presenta en diferentes manifestaciones artísticas incluida la literatura en sus dos vertientes culteranismo y conceptismo, permite arraigar a la sociedad de entonces a un nuevo estilo de vida, en el que se adapta y acepta vivir bajo situaciones en constante cambio.
El siglo XVII conocerá el afianzamiento de dos grandes potencias de carácter mundial, Inglaterra y Francia, que, al mismo tiempo que robustecen sus respectivos Estados y afrontan diversos problemas interiores, despliegan hacia el exterior toda su capacidad y potencial. España, por su parte, se verá inmersa en una prolongada crisis económica y política que le impedirá conocer el esplendor y desarrollo del siglo anterior, inmersa en graves confrontaciones internas y en la competencia con las dos naciones anteriores. Otras áreas conocerán un desarrollo económico sin precedentes, propiciado básicamente por la actividad comercial, como son los Países Bajos. Alemania conocerá un periodo de fragmentación y división que le impedirá restaurar la anterior grandeza del Imperio. En Italia, la intervención externa de los Habsburgo y Francia provoca un continuo enfrentamiento que a su vez produce un estancamiento económico y político. Sin embargo, el brillo cultural continuará. El Imperio otomano pugnará con las naciones cristianas por el dominio del Mediterráneo y aun del sur de Europa, si bien paulatinamente su capacidad va decreciendo y es derrotado en algunas confrontaciones.

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