martes, 10 de julio de 2012

04 Siglo XVI

Siglo XVI: realeza y Estado
Nace en este siglo un “movimiento monárquico” llamado Estado Moderno, consistente en aumentar el poder real, fortalecer al Estado poniéndolo bajo la influencia de la nobleza y la Iglesia. Así cada país fue evolucionando de forma distinta. Este sistema se aplicó, fundamental y descaradamente, a las monarquías de Castilla, Inglaterra y Francia. Este fortalecimiento dio lugar al triunfo militar y las alianzas matrimoniales.
En Castilla estalló una guerra civil con la muerte de Enrique IV de Trastámara entre los partidarios de su hija Juana, apodada la Beltraneja, y su hermana Isabel. Juana tenía el apoyo del rey de Portugal, que se casó con ella para favorecer la unión de ambos reinos. Isabel contaba con el rey de Aragón, el que fue su suegro a partir de 1469, al casarse con su hijo y heredero Fernando. Con el triunfo de los isabelinos, el reino castellano y el aragonés se vieron unidos bajo una misma corona. Esta unión facilitó la conquista del reino de Granada (1492) y del de Navarra (1512). La expansión atlántica y los triunfos militares de Fernando el Católico en Italia dieron lugar al prestigio y el fortalecimiento de su corona y reino. Juana, que más tarde sería apodada la Loca, hija de Isabel y Fernando, acabó reinando Castilla y Aragón, que, aunque gobernados por la misma persona, seguían manteniendo leyes e instituciones propias. Se sentaban las bases de la unidad territorial nacional.
La Guerra de los Cien Años (1339-1453) contra Inglaterra fortaleció la dinastía de los Valois, en Francia, que también sufrió una unificación territorial. Esta monarquía tenía un ejército a su servicio y prohibieron la creación de nuevos ejércitos nobiliarios. Además, ya fuera por conquista o por matrimonios, consiguió incorporar a su patrimonio los territorios de las principales casas nobiliarias. Aunque hubo algún que otro conflicto con España al querer apropiarse de las tierras del ducado de Borgoña, y de los territorios italianos, a los que se impusieron los españoles a lo largo de este siglo.
Mientras, Inglaterra se recuperaba de la derrota ante Francia y la lucha entre los principales linajes por el poder se resolvió en una nueva guerra, llamada de las Dos Rosas (1455-1485), a favor de Enrique VII (cuyo hijo se convertiría en el monarca más controvertido y sanguinario de todos los tiempos), fundador de la dinastía Tudor. En 1495 hizo que Irlanda aceptara la autoridad del parlamento inglés, y además reformó la administración de justicia. Para abrir caminos y extender poco a poco el dominio de su dinastía, casó a una de sus hijas con el rey escocés.
Historia universal del siglo XV al XIX
En el plano internacional, la superioridad de la monarquía española en el siglo XVI se pondría en duda y se debilitaría en el siglo XVII. Francia comenzó a dominar el territorio continental e Inglaterra se hizo cargo de los mares.
Pero gran parte de las reformas concernían a la Iglesia, en especial a su división. La figura del Papa tenía cada vez menos importancia. Esta división comenzó a raíz de las protestas de Martín Lutero (ver imagen a la derecha). Lutero insistió en que Dios es el único que puede perdonar realmente, y el 31 de octubre de 1517 se convirtió en una figura pública y controvertida al exponer en la puerta de la iglesia de Todos los Santos de Wittenberg sus 95 tesis o proposiciones escritas en latín contra la venta de indulgencias (remisión de los castigos temporales de los pecados mediante un pago de dinero) para la gran obra de los papas Julio II y León X: la construcción de la basílica de San Pedro en Roma. Se cree que Lutero clavó estas tesis en el pórtico de la Iglesia de Todos los Santos de Wittenberg, pero algunos eruditos han cuestionado la historia. Al margen de cómo se hicieron públicas sus proposiciones, causaron un gran revuelo y fueron traducidas de inmediato al alemán, logrando una amplísima difusión. Incluso los príncipes de Alemania se pusieron de su parte. La reforma luterana provocó conflictos bélicos durante dos siglos en Europa.

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