lunes, 9 de julio de 2012

02.01 EL PEINADO GRECOROMANO

A lo largo de la historia de Roma, y sin considerar las deidades, los peinados femeninos de las monedas pasaron por una serie de etapas en las que podemos apreciar una gran diversidad de estilos. El grado de refinamiento de casi todos ellos es exquisito, e independientemente de que correspondieran o no a una imagen real, cabría plantearnos si las damas romanas lucieron de verdad estos peinados.
La respuesta es sí. Había profesionales del corte y peinado (ornator / pectinator  u ornatrix / pectinatrix en el caso de ser mujeres) encargados de elaborar estos trenzados y recogidos. Para sujetar el cabello las ornatrices se ayudaban de horquillas, alfileres, peinetas, redes, cintas y lujosas diademas y broches. El grado de sofisticación era tal que en algunos peinados añadían postizos e incluso conseguían rizados artificiales empleando un utensilio llamado calmistrum, un tubo de metal que calentaban previamente. Después fijaban el pelo mediante la aplicación de diversos ungüentos.
En el tocador de una domina tampoco faltaban los cosméticos, cremas, aceites y perfumes, guardados en delicados recipientes de cerámica, alabastro o cristal, así como los utensilios necesarios para aplicarlos, sin olvidarnos de lo más indispensable, el peine, y cómo no, el espejo, a menudo decorado con refinados motivos, y todo ello fabricado con diversos materiales que variaban según la clase social.
El maquillaje se vendía en forma de polvo y antes de usarse debía diluirse con lanolina (aceite) en pequeños platos. Los labios y las mejillas se pintaban de rojo, con pigmentos que se obtenía de plantas, minerales y moluscos. Los ojos se delineaban de negro y las cejas las usaban muy marcadas. Los párpados los sombreaban de color azul.
Como notas curiosas, destacar que la imagen personal tenía tanta importancia en Roma, que era objeto de críticas y comentarios entre los ilustrados. Tal es el caso del comediógrafo romano Plauto (254-184 a.C.), quien escribió: "una mujer sin pintura, es como una comida sin sal".
Y resaltar también que fue el poeta romano Ovidio (43 a.C. - 17 d.C.) el autor del primer libro sobre cosmética, un tratado de belleza titulado "Medicamina faciei feminae" (Cosméticos para el rostro femenino), en el que incluye consejos y recetas varias.













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